En un mundo lleno de estímulos constantes y cambios rápidos, los niños enfrentan el desafío de procesar y responder a su entorno de manera saludable. Este reto puede ser especialmente intenso para aquellos con condiciones como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o Trastorno del Espectro Autista (TEA). En este contexto, los juguetes sensoriales se han convertido en herramientas fundamentales para proporcionar estimulos controlados y promover la relajación, ayudando a los niños a desarrollar habilidades de autorregulación y manejo emocional.
Un juguete sensorial está diseñado para interactuar con los sentidos del niño, como el tacto, la vista o el oído, ofreciendo experiencias enriquecedoras y adaptadas. Para niños con TDAH, estos juguetes son ideales porque pueden canalizar su energía y ayudarles a concentrarse. En el caso de niños con TEA, los juguetes sensoriales son esenciales para calmar su sistema nervioso y reducir la sobrecarga sensorial. Pero, ¿cómo funcionan estos objetos y qué tipos de beneficios pueden aportar?
Uno de los juguetes sensoriales más populares son las pelotas apretables, también conocidas como «pelotas antiestrés«. Estas pequeñas herramientas permiten a los niños liberar tensión acumulada al apretarlas repetidamente. Este movimiento no solo relaja los músculos de las manos, sino que también tiene un efecto calmante en el cerebro al proporcionar un enfoque físico que reduce la ansiedad. Para un niño con TDAH, una pelota apretable puede ser el recurso perfecto durante las clases o momentos de tensión en casa, ayudándolo a canalizar su energía de manera discreta.
Los peluches pesados son otra herramienta valiosa, especialmente para niños con TEA. Estos juguetes suelen estar llenos de materiales que les confieren un peso adicional, lo que genera una sensación de contención y seguridad al usarlos. Cuando un niño abraza un peluche pesado, se estimulan los receptores de presión profunda en su cuerpo, lo que tiene un efecto calmante y puede reducir comportamientos ansiosos o repetitivos. En Chile, donde muchas familias valoran los momentos de calma en el hogar, estos peluches se han convertido en un recurso importante para crear un ambiente relajado.
De manera similar, las mantas pesadas también han ganado popularidad por sus beneficios terapéuticos. Estas mantas están diseñadas para distribuir peso de manera uniforme sobre el cuerpo del niño, imitando la sensación de un abrazo firme. Este tipo de presión es conocido como «terapia de presión profunda» y ha demostrado ser muy útil para reducir los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y promover la liberación de serotonina, una sustancia química que mejora el estado de ánimo. En niños con TEA, estas mantas pueden ser clave para ayudarlos a conciliar el sueño o relajarse después de un día lleno de estímulos.
Los columpios sensoriales también tienen un papel crucial en la estimulación y relajación. Diseñados para brindar un movimiento suave y rítmico, estos columpios ofrecen beneficios tanto físicos como emocionales. Para los niños con TDAH, el balanceo puede ayudar a mejorar el enfoque y la coordinación motriz. En el caso de niños con TEA, el movimiento rítmico tiene un efecto tranquilizante, similar al que sienten los bebés al ser mecidos. Estos columpios no solo fomentan la autorregulación, sino que también promueven la sensación de seguridad y bienestar.
Es importante destacar que el uso de juguetes sensoriales no solo se limita a niños con diagnósticos específicos. Todos los niños pueden beneficiarse de estos recursos, ya que les ayudan a explorar sus sentidos y desarrollar habilidades importantes como la atención plena y la autorregulación. Además, pueden ser una gran herramienta para los padres, ya que ofrecen momentos de calma y conexión familiar.
En nuestro país, donde el tiempo en familia es valorado y muchas actividades cotidianas giran en torno al hogar, los juguetes sensoriales representan una oportunidad para fortalecer estos lazos mientras se cuida el desarrollo de los niños. Incorporar estos juguetes a la rutina diaria no solo ayuda a los niños a manejar mejor su energía y emociones, sino que también crea un ambiente más relajado para todos los integrantes de la familia.
Para sacar el máximo provecho de los juguetes sensoriales, es importante elegir aquellos que se adapten a las necesidades y preferencias de cada niño. Algunos niños pueden preferir juguetes de textura suave como peluches, mientras que otros encontrarán mayor beneficio en el movimiento de los columpios o en la sensación de las mantas pesadas. La clave está en observar cómo responde el niño y adaptar las opciones a sus necesidades.
Finalmente, es fundamental recordar que los juguetes sensoriales no son una solución única para todos los desafíos. Aunque son herramientas valiosas, su uso debe complementarse con estrategias integrales que incluyan actividades al aire libre, una alimentación balanceada y, en algunos casos, el apoyo de profesionales. Los juguetes sensoriales son un recurso más dentro de un enfoque holístico para el desarrollo infantil.
En conclusión, los juguetes sensoriales como las pelotas apretables, los peluches y mantas pesadas, y los columpios sensoriales ofrecen una combinación única de estimulación y relajación que puede marcar una gran diferencia en la vida de los niños. Estos recursos son una manera efectiva de apoyar el desarrollo emocional y sensorial de sus hijos, al tiempo que promueven momentos de calma y conexión familiar.